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20 de noviembre de 2010

Más sobre en el aula de la juventud perdida...

Por supuesto, en el aula escolar no todo es malo, el día de ayer un alumno –quizás, de quien menos lo esperaba– me sorprendió. Por primera vez en el semestre un estudiante me pidió prestada una lectura (una revista) para leer en casa, para ello hubo que romper esquemas, la lectura en cuestión fue una crónica –subgénero literario que no está incluido en el plan de estudios– en la cual se aborda una temática de moda: el narcotráfico.

8 de octubre de 2010

Madre e hijo

Mis días aparentemente transitan por la vereda de la inalterabilidad, unos y otros guardan tantos parecidos entre sí que en más de una ocasión los he confundido, en rutinas como la ingesta de alimentos, las horas de sueño y los quehaceres laborales parece írseme la vida entera. Pero la rutina guarda también sus muy gratas recompensas, a unos cuantos metros del lugar en el cual laboro, soy testigo día a día de una escena bellísima: en un gimnasio, una joven madre de familia hace ejercicio en la caminadora, frente a ella se encuentra la carreola de su hijo, me encanta la simbiosis, una mujer que no ha dejado su individualidad para enfundarse en el rol de madre, sino que complementa a la perfección ambas actividades.

22 de septiembre de 2010

Una foto de Karl

Hoy, el periódico en el cual trabajo publicó una foto que transmitió el día de ayer la Agencia de Noticias del Universal. El retrato capta el descanso de cinco niños que, abatidos por la furia del huracán Karl, se resguardan en un refugio. La foto me encantó desde el momento en que la ví, me recordó al afiche de la película El Dulce Porvenir. El fotógrafo de tan bella imágen es Fernando Ramírez, comparto la estampa que captó.


21 de agosto de 2010

Momentáneo elogio de la miopía

Una de mis primeras lecturas fue Cuentos de lo grotesco y lo arabesco de Edgar Allan Poe, libro en el que se incluye un cuento que recuerdo con afecto, Los anteojos, en el cual se narra el amor a primera vista entre un joven y una dama bajo muy extrañas circunstancias.

Traigo a relación el cuento de Poe porque he comenzado a usar gafas, compruebo lo obvio, el mundo es más claro (y bello) de lo que pensaba; pero descubro también, con sorpresa, que la miopía limitaba mi percepción, me explico: anteriormente era conciente de mi miopía, pero desconocía la claridad con la que veían (me veían) las otras personas, con mis anteojos me siento un superhéroe, soy capaz de ver con una claridad digna del high definition, me asombra el conglomerado de hojas que forman la copa de los árboles y me aterra el descubrir que mi barba desalineada es más notoria de lo que yo suponía.

Por ahora, echo de menos mi miopía, extraño aquella falsa ilusión que era capaz de crear lo difuso: el enigma que representaba aquel borroso, pero en apariencia, bello rostro; la falsa confianza generada al creer que aquel corte hecho con el rastrillo se extraviaría ante la supuesta borrosidad de las miradas ajenas… pero no tardaré en adaptarme a la perfección visual, después de todo, aunque falsa, la perfección resulta tan tentadora.

3 de agosto de 2010

Cautiverio

Leo en la revista nexos un dato que me parece sumamente curioso: un elefante en libertad vive en promedio 56 años, mientras que uno en cautiverio alcanza a vivir únicamente 17 años en promedio.

Mi ausencia de este blog (y de muchos otros lugares) durante los últimos meses se debieron a que permanecí en una especie de cautiverio laboral, jornadas de trabajo de 16 horas diarias apenas me dejaban tiempo para dormir y escurrirme muy de vez en cuando en otros asuntos.

Descubro en mi trabajo que las jornadas laborales de 16 horas no son algo extraordinario ni heroico, por diversos motivos (económicos en su mayoría), no son pocos quienes optan por dejar su vida en el trabajo.

Reconozco que no es algo que quiera para mí, extraño recostarme en mi cama los clásicos ‘cinco minutos más’, pasear por las calles, leer un par de revistas de cabo a rabo, ir al cine, comer con la familia, reventarme con los amigos… por eso ayer renuncié a uno de mis dos trabajos.

Desconozco si llegaré a vivir 56 años o me estancaré en los 17 o en cualquier otro número (no soy un paquidermo después de todo). Lo que sí sé, es que prefiero vivir mi vida en libertad que condenarme al cautiverio… aquel dato curioso de la revista nexos resultó bastante significativo después de todo.

12 de mayo de 2010

Me acuerdo

El año pasado intercambié un par de mensajes con cierta persona, me llamó poderosamente la atención que en aquella breve conversación me recalcara que no le gustaba recordar.


Hace un par de meses leí un libro que ni por equivocación le recomendaría a aquella persona, pero que al resto se lo recomiendo ampliamente: Me acuerdo de Joe Brainard.


El libro de Joe Brainard se cimienta en la sencillez de los recuerdos, su edificación va de recuerdos tan personales que parecen no tener cabida en el libro, a otros tan “universales” que invariablemente remiten al lector a la evocación de otros tiempos. Transcribo más-de-un-par de recuerdos contenidos en el libro:


Me acuerdo del problema casi exclusivo de la infancia de perder cosas a través de un agujero en el bolsillo


Me acuerdo de los grabados en los pupitres y de pasar la punta del Boli una y otra vez por encima


Me acuerdo de los calcetines que siempre se bajan


Me acuerdo de pasar la mano por debajo de las mesas de los bares y notar todos los chicles


Pensándolo bien, a aquella persona que no gustaba recordar, le recomiendo ampliamente la lectura del libro de Brainard para que se cerciore de que recordar, no es tan malo; al resto, le recomiendo que no solo lean, sino que escriban (aunque sea oralmente) la infinita e interesantísima historia de sus recuerdos.

4 de febrero de 2010

Como no leer en el urbano

Uno de estos acuosos días abordé un camión urbano … no sabía en la que me metía. Pensé que, aparte de transportarme, el urbano lograría resguardarme, que su techo de lámina, si bien gélido, me protegería de la lluvia, tenue, pero criminalmente incesante. Abordé el urbano y tardé en tomar asiento, no porque no hubiese disponibles, sino porque la totalidad de éstos estaban mojados y humedecería irremediablemente mis nachas recientemente inyectadas, no supe el porqué de aquel inusual charquerío –desgraciadamente, no soy de los que capta las cosas a la primera-, fue hasta que por fin me senté y abrí la Letras Libres (ahora a sesenta pesotes) que lo supe, el urbano goteaba y mojó sin escrúpulos mi costosa revista, observé entonces como el techo del urbano hacía agua por todas partes.

Visto está, las mejoras ofrecidas (y comprometidas) a cambio del recientemente aprobado aumento son una burla a peaje armado. Y visto está (también), aquellos supuestos doctos que pregonan que la plebe intelectualmente subdesarrollada no lee ni siquiera en el urbano, es porque probablemente desde hace tiempo no abordan uno … como no leer en el urbano, lo comprobé esta semana, lo compruebo cada que abordo el maltrecho transporte público que padecemos en esta nación.

30 de enero de 2010

El costo de la salud

Traigo en el cuello una notoria erupción, algunos me dicen que es un chupetón (bueno fuera), yo creo que es una mordida de Nosferatu, y la dermatóloga afirma que se trata una enfermedad cutánea cuyo nombre no recuerdo. Como la irritación va en aumento y ataca ahora al miembro más preciado de mi anatomía (eso espera al menos mi ego siempre latente), el tratamiento ha cambiada de cremitas a inyecciones.

Después de verificar telefónicamente los costos de las medicinas (actualmente hay que cuidar hasta el último centavo), eligo la opción más económica y acudo a surtirme de los fármacos prescritos. Ya en la farmacia, delante de mí, un par de señoras de aparentes escasos recursos surten tres kilométricas recetas y la cuenta de éstas resulta abultadísima. Me pongo a pensar entonces en los costos de la salud, pero inmediatamente reparo y concluyo, son sin duda mayores los costos de la enfermedad.

Espero que la kilométrica lista de medicinas ayuden a los familiares de aquellas simpáticas señoras ... espero también que las méndigas inyecciones me ayuden a mí y a mi preciado miembro.

6 de enero de 2010

La demasiada publicidad

Amanece nublado, el frío coloretea mis mejillas -¿o acaso continúan las secuelas de aquella alergia recientemente contraida?-, más modorro que despierto (y algo tembeleque) me introduje en la camioneta, enciendo el motor y veo que no-veo nada a través del parabrisas, éste está completamente empañado, enciendo los limpiabrisas (el antiemañante de los pobres) pero no "jalan", ¿qué está pasando? -me pregunto-, descubro pronto el origen del inconveniente: un montón de publicidad impresa atasca los parabrisas, desciendo de la camioneta, retiro la publicidad y la arrojo sin más al suelo ... ¿sirven de algo estas toneladas de basura publicitaria que a diario contaminan nuestras vidas?

29 de diciembre de 2009

Las cenizas del padre de mi amigo

Como todo ser humano que se precie de serlo, fantaseo en demasía (y no solo sexualmente), en mi mente cojo, como y viajo a donde me plazca, pese a ello, jamás llegue a imaginarme velando el cuerpo de un conocido la mismísima noche de navidad, como por desgracia me ocurrió la semana pasada.

¿Qué pasó? Falleció el padre de un gran amigo, el cáncer lo apagó, aquel señor que en nuestra tierna infancia acudía a ver como jugábamos fútbol con más ilusiones que talento, aquel señor que animaba a su hijo desde la banda llamándole “Pelé”, nos dejó.

Los amigos acudimos la madrugada del 25 de Diciembre a acompañar a nuestro amigo y a despedirnos de su padre, no obstante, fue hasta el sábado por la noche, bebiendo y platicando con un primo de mi amigo cuando pude dilucidar la imagen que recordaré del padre de mi amigo. Sucede a menudo, convivimos a diario o con relativa frecuencia con personas que, pese a su cercanía, nos son difíciles de resumir en una sola palabra o frase.

Recordaré de él los días en los que éramos invitados a comer a su casa, en aquel acogedor jardín se reunían sus familiares pero siempre nos hicieron un lugar a nosotros, simples amigos. Don Alfredo llegaba y nos saludaba, nos atendía, fue siempre un extraordinario anfitrión, pero no solo eso, de vez en cuando se daba tiempo para platicar con nosotros y resaltar sutilmente algunas de nuestras cualidades. Eso recordaré de él, más allá de la compañía, veía en la amistad un conjunto de cualidades.

Coincidencia o no, en el velorio y en la misa de cuerpo presente nos despedimos por último, en ambas ocasiones, de “chelis”, el abuelo de mi amigo. La primera ocasión nos pidió que cuidáramos a su muchacho, la segunda, optó por contarnos un chiste. El cuidado y la alegría, dos de las grandes cualidades de una buena amistad, cualidades que sin duda apreciaba Don Alfredo.

En el último viaje que hice a la ciudad de México tenía en mente comprarme un libro: Las cenizas de mi padre de Claudio Issac. No lo compré, y hoy me arrepiento de ello.

2 de diciembre de 2009

Investigadores y películas sin gloria (ni pena)

Leo hoy en La Jornada Aguascalientes:

“La experiencia de la socióloga Claudia Delgado que empezó con una investigación como parte de un trabajo universitario terminó por convertirse en una publicación, Lucha libre en Aguascalientes, que sienta un precedente en un fenómeno social importante y desde el que se pueden analizar otros fenómenos religiosos, deportivos, culturales e incluso educativos.”

La nota promete erudición al desnudo y al por mayor, en un solo párrafo nos receta: “experiencia”, “socióloga”, “investigación”, “trabajo universitario”, “publicación”, “precedente”, “importante” … uf, uf y re-contra-uf. Tiene usted que no solo poseer agallas y pantalones, sino también, amplias neuronas para adentrarse a tan profundo trabajo. Claudia Delgado promete aleccionar a la plebe siempre ignorante que ve en las luchas “sólo un espectáculo”. Pero, ¿qué chingaos es lo que descubrió tan connotada socióloga? –se preguntará usted-. Algo asombroso –agárrese-:

“La máscara que los luchadores utilizan no es para protegerse de un golpe, es un elemento de transformación”.

¡Nooo!, ¡en la madre!. Yo siempre creí que El santo aguantaba los chingadazos que recibía de momias, zombies y demás, porque su máscara Nique tecnología Jeta-Yucateca-Air le amortiguaba el titipuchal de guamazos recibidos. Pues na nais, la máscara es un simple “elemento de transformación” (de identidad … en fin). ¡Oh!.

Pero eso no es todo, con humildad la socióloga reconoce que “Para Delgado sería importante que existiera otra publicación a este respecto porque este libro dejó todavía mucha lagunas”. Osease, es probable la aparición de una secuela, faltaba más.

… y pasando a las películas …

De El estudiante, mejor ni hablar, pasemos entonces a Bastardos sin gloria.

Me trago el orgullo (mi baguette no, sabía asqueroso). El primer capítulo de la película es una puta joya, pero, lástima tarantinito, ahí no terminó tu película.

Para ser breve: todas las secuencias de Brad Pitt y sus bastardos parecen dirigidas por un torpe imitador de Guy Ritchie; a los diálogos de Tarantino, siempre masturbatorios (y por ello geniales), acá les falta orégano, pimienta, sal y un par de gotas de semen, pues, carecen de toda gracia; la inmolación del cine, ha de ser, junto con la pelea entre la novia y la morena en Kill Bill vol. 1, lo peor que jamás filmó Tarantino.

En fin, mañana, a ver Parque vía a la muestra, esperando tener mejor suerte cinematográfica.

25 de octubre de 2009

Una lección de vida y otra más de amor

Mi trabajo me ofrece pocas satisfacciones, pero me ofrece algunas. El viernes pasado, por ejemplo, conocí a una persona asombrosamente decidida, su increíble capacidad para decidirse llamó poderosamente mi atención y, para romper la barrera del silencio existente entre nosotros, le pregunté de dónde era, de Zacatecas -me respondió él-, continué con el interrogatorio, le pregunté entonces que hacía en tierras hidrocálidas y me respondió con suma naturalidad que venía a que le dieran quimioterapia.

Me helé, la sangre se me fue a los pies, pero como no percibí en el semblante del señor ningún gesto de dolor tras develarme su realidad, seguí platicando amenamente con él. Al despedirse me quedé pensando en aquel señor, deduje imaginariamente que su sorprendente capacidad para decidirse se debía a su enfermedad, él sabe que no tiene tiempo para dudar y vive su vida tomando decisiones sin chistar. Me gusta su filosofía.

Un día antes, el jueves por la noche, le pinté sus uñas de color negro, nunca antes lo había hecho, me desempeñé muy probablemente con suma torpeza, pero lo hice y me gustó. Fue curioso, el día que nos pintamos entre los dos (ella me pintó un dedo a mí) concluimos la velada viendo como pintaban un mural, uno de los artistas nos pidió que firmáramos el libro de visitas, y así lo hicimos.

Mientras ella y yo decidíamos que anotar pude contemplar fijamente su pómulo izquierdo, en él, se podían apreciar pequeñas arrugas, ella, en apariencia tan perfecta, me mostraba sus imperfecciones sin temor alguno. Corroboré que me gusta porque con ella puedo desenvolverme naturalmente, le muestro mis múltiples imperfecciones y no le oculto mis escasas perfecciones, sé que ella es también así, sé que cuando está a mi lado, cuando está conmigo, se muestra tal cual es: una imperfecta pero extraordinaria mujer. Aquel jueves, me moría de las ganas de besarle en aquel momento su imperfecto pómulo, pero no lo hice. Estoy seguro que si hubiese conocido antes a aquel señor de Zacatecas probablemente lo hubiese hecho, me hubiese decidido en ese momento a besarle su pómulo. Me gusta tanto ella.

7 de octubre de 2009

Del Ipod a Google Books ... ¿un solo paso?

Gil Gamés elabora simpáticas entregas que mensualmente publica la revista nexos, en esta ocasión, logra un muy ameno texto sobre un hipotético suicidio masivo de libros ocurrido a raíz de la irrupción de Google Books ... texto ameno pero: ¿es su conclusión correcta?

Según el autor, en este país tan carente de tecnología (por ser un país carente de dinero ... explicación express), Google Books no modificará nuestros mínimos hábitos de lectura porque en multitud de hogares no se tiene todavía computadora. Creo que el autor está equivocado porque olvida que la pequeñísima porción de mexicanos que leen, sí tienen, en su gran mayoría, acceso a la tecnología.

Hoy imaginé un futuro dominado por Google Books, mi búsqueda infrutuosa de un libro (En el café de la juventud perdida) en un par de librerías me llevó a ello, a imaginar un paraíso en el cual se tenga al alcance de un click el texto deseado. Sobre todo en estas (des)provincias en las que es tan difícil hacerse de una multitud de libros.

Recordé el Ipod, ese aparatito sin el cual multitud de jóvenes no le encuentra sentido a su vida, y que, a pesar de su costo (lean esta nota), y de nuestra carencia de tecnología, es inmensamente popular. Cada que le pregunto a alguien cuándo fue la última ocasión en la cual compró un CD, ese alguien me responde con un prolongado "uuuuuhhhhhhh".

23 de septiembre de 2009

Ansiedad

Con todo y la brumosa oscuridad, a mi amigo le bastaron apenas unos cuantos segundos para descubrir mi estado de ansiedad, estás ansioso -me dijo-. Ciertamente, lo estoy. Ayer, después de platicar largo y tendido con él, de convertirlo en mi improvisado pero eficaz (y gratuito) psicoanalista, arribé a mi casa. Pude conciliar el sueño a la una de la mañana, después de ver medio capítulo del Dr. House, dormí profundo, tan profundo, que al despertar y revisar mi reloj (que no es otra cosa más que mi teléfono celular) corroboré que eran apenas las dos y media ... me sentí defraudado y no pude volver a conciliar el sueño en toda la noche.

Por lo mismo, me levanté muy temprano, la lectura diaria del periódico me ha resultado hasta ahora tortuosa, decido dejarlo de lado y googlear las palabras: frases y ansiedad. Encuentro algunas frases, entre ellas, una de Xavier Villaurrutia que describe a la perfección mi estado de ánimo:
Amar es prolongar el breve instante de angustia, de ansiedad y de tormento en que, mientras espero, te presiento en la sombra suspenso y delirante.
Espero que esta semana se marche ya, que se marche rápido, quiero correrla a patadas, que sea ya la semana entrante, y entonces ...

PD Creo que no debí escribir esto en el blog, pero que buena terapia es el escribir, nadie lo puede negar.

15 de septiembre de 2009

Canasta básica de lecturas

Acudo al Sanborns, tomo La Tempestad, tomo la Replicante, de mi cartera tomo un billete con la desgastada imagen del amigo Netza, me dirijo a la caja y ... me dice amablemente la cajera que me faltan seis lanas. Achis-mi-achis-me-cahis-que-me-toquen-los-mariachis -dije-, y sí, en efecto, descubro que la revista La tempestad ha subido de precio.

A principios de año por este par de revistas pagaba ochenta y dos varos; ayer desembolsé ciento seis devaluados. Prácticamente toda mi canasta básica de lecturas ha sufrido los efectos de la crisis: cuando comencé a comprar la nexos la adquiría en 40, ahora está en 60; Tierra adentro pasó de 40 a 50; Parteaguas de 25 a 30; Replicante de 40 a 50; ahora La tempestad de 42 a 56 ... la única que se mantiene inalterable es la Letras Libres.

Creo que tendré que adoptar drásticas medidas al respecto, sinceramente, no creo encontrarme con un alma caritativa que me regale la suscripción vitalicia a La tempestad.

2 de septiembre de 2009

Ahí estaba el detalle

La semana pasada ví Los que se quedan, documental mexicano dirigido por Rulfito. Una secuencia me estaba llamando poderosamente la atención: un hombre de la tercera edad infla un globo de color naranja, se esmera en su labor, revisa el volúmen que ha alcanzado el globo y no se conforma con ello, resopla con fuerza de nueva cuenta y ... la secuencia se corta. Me enfurecí, deseaba, de corazón, ver la finalidad de aquel delicado empeño. Rulfito me volvía a desilusionar.

Pero... Rulfito será un cineasta con altibajos, pero siempre le he reconocido el crear hermosos finales -el final de En el hoyo ha de ser uno de los más bellos y asfixiantes que he visto en mi vida-. Vemos al final de Los que se quedan a tres jóvenes cruzando la sierra, tienen un destino: la casa de sus padres, la casa de aquel viejo que inflaba devotamente un globo, y ahí está, el hinchado globo color naranja junto a otros tres globos y un minúsculo letrero de fondo rosa y letras negras que dice: "bienvenidos".

Cualquiera pensaría que el panorama poco tiene de festivo, ¡cuatro solitarios globos y un pinchurriento letrerito!, ¡por favor!. El viejo tiene su rostro tan agrietado que es imposible reconocer expresión alguna en él, pero, recuerdo el empeño que puso al inflar aquel globo, aquel mínimo detalle, y me lo imagino, en esos momentos, como una de las personas más alegres en el mundo... ahí estaba el detalle.

21 de agosto de 2009

¿Un volado?

Tras ser mal atendidos en un bar nice, tras acudir a otro bar para recordar los viejos tiempos y constatar como el otrora tuburio es ahora un lugar mojigato que cierra a tempranas horas, decidimos que la suerte nos llevara a experimentar la ingesta de cerveza en un sitio llamado "el voladito".

Al entrar, un empleado bastante malencarado como para fungir de hostess, nos pregunta ásperamente: "¿un volado?". Mi amigo acepta el reto, escoge águila, y pierde; mi turno, me solidarizo con mi colega, escojo también águila, y gano... una cerveza bien fría.

Después de ingerir los trescientos treinta mililitros de cerveza, le pregunto a mi amigo: ¿qué premios has ganado en tu vida?, piensa, titubea y me responde que no recuerda, pero está seguro que no ha de ser algo mayor a una Coca-Cola; me devuelve la pregunta, pienso, titubeo y me deprimo, me doy cuenta de que la cerveza Corona que me he tomado es el mayor premio que me he ganado en mi vida.

Para que la amargura no nos alcance, decidimos pedir otro par de amargas cervezas.

2 de agosto de 2009

Inmortalizado

Tras haber ingerido tres rondas de cervezas, un par de amigos y yo nos dirijimos a cenar, era cuestión de caminar unos cuantos metros y en un santiamén nos encontrábamos en El potro loco. Pedimos la orden, nos santiguamos -cuando uno ingiere burros, el santiguarse podría evitar la casi siempre inevitable cursera al día siguiente- y deglutimos nuestros alimentos. Después de ordenar la cuenta una amable mesera se nos acercó pidiéndonos permiso para tomarnos una foto y ser así una pieza más en los muro tapizados con las fotografías de glotones que frecuentemente acuden al lugar. Una pieza más, another brick in the wall, sí, pero una pieza que quedará para la posteridad. Por primera vez en la vida tengo la sensación de haber sido inmortalizado.

10 de julio de 2009

El buen samaritano

El saldo de mi amigo agotándose, mi cartera francamente no quiero ni verla, y de la tarjeta mejor ni hablar. Mi celular estaba destinado a quedarse sin saldo por millonésima ocasión en lo que va del año, pero de repente, recibo un mensaje: “recarga exitosa” (¿¿¿???). Consulto mi saldo y, ¡oh sorpresa!, algún buen samaritano me ha inyectado una considerable cantidad de saldo. Desconozco si el del anónimo buen samaritano fue un acto de caridad o una lamentable equivocación, yo, desde este blog, le agradezco su noble -mas no sé si voluntario- gesto.

2 de julio de 2009

Un poema de Gertrude Stein

En la revista Tierra adentro aparece un caótico poema de Gertrude Stein traducido por Rodrigo Flores Sánchez. El original aparece supuestamente en la web de la revista -yo no lo encontré por ningún lado-. Transcribo un párrafo de la traducción:
Van de compras. Van de compras y eso siempre fue una cosa que hicieron bien. Ahora todo está cambiando. Es indudable que todo está cambiando. Van de compras. Están viviendo un estilo de vida diferente. Todo está cambiando. ¿Por qué todo está cambiando? Todo está cambiando porque en el lugar donde compran es un lugar donde cada uno busca encontrar la existencia de estilos de vida que no son deprimentes, estilos de vida que no son tristes, estilos de vida que no son grises, estilos de ida que no son tediosos. Indudablemente existen de alguna manera.