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8 de febrero de 2010

Lluvia de lecturas # 2

Mi padre, tan afecto a darle seguimiento a los pronósticos meteorológicos, me dice que para finales de esta semana se pronnostican lluvias, para contrarestarlas, nada mejor que una lluvia de lecturas:

Este precioso texto de Arnoldo Kraus publicado en Letras Libres.

La crónica de La ruta de sangre de Beltrán Leyva a manos del mejor cronista que actualmente tenemos en México, Héctor de Mauleón. En la misma revista, este fabuloso ensayo de Claudio Lomnitz.

Una notable entrevista a Juan Domingo Argüelles publicada en El búho.

El ensayo Público para la historia de Calíope Martínez publicado en Parteaguas ... pídasela a su voceador.

Y como pilón, un divertidísimo texto de Carlos Reyes Sahagún, publicado hoy en Crisol Plural.

13 de octubre de 2009

Un poema de Sergio Loo

Desde hace tres semanas se encuentra rodando por ahí y por allá el nuevo número de la revista Parteaguas, dedicado en esta ocasión a: las letras.

Confieso que por primera vez el Dossier de la revista me ha dejado indiferente; por el contrario, Columnas, una breve sección a la cual el pequeño editor de revistas que llevo dentro de mí nunca le ha encontrado la cuadratura, contiene en esta ocasión una multitud de plausibles textos; lo mejor de la revista se encuentra quizás en narrativa, donde "La reina del carnaval" de Saúl Juárez y "El rastro de nuestros días" de Fernando Paredes, destacan; pero lo más sobresaliente, creo yo, es el extraordinario poema de Sergio Loo titulado "Geos" ... en la semana trataré de adquirir su poemario Sus brazos labios en mi boca rodando para acercarme así a la obra de este joven poeta.

Destaco algo más: es ésta una buena oportunidad para acercarse por primera ocasión a la revista (si aún no lo han hecho), pues en facebook existe un concurso que premiará gratamente a quien logre la mejor reseña del nuevo número de la revista.

2 de julio de 2009

Un poema de Gertrude Stein

En la revista Tierra adentro aparece un caótico poema de Gertrude Stein traducido por Rodrigo Flores Sánchez. El original aparece supuestamente en la web de la revista -yo no lo encontré por ningún lado-. Transcribo un párrafo de la traducción:
Van de compras. Van de compras y eso siempre fue una cosa que hicieron bien. Ahora todo está cambiando. Es indudable que todo está cambiando. Van de compras. Están viviendo un estilo de vida diferente. Todo está cambiando. ¿Por qué todo está cambiando? Todo está cambiando porque en el lugar donde compran es un lugar donde cada uno busca encontrar la existencia de estilos de vida que no son deprimentes, estilos de vida que no son tristes, estilos de vida que no son grises, estilos de ida que no son tediosos. Indudablemente existen de alguna manera.

26 de junio de 2009

La lección del día # 8 ... la vacunación

Leo en Gérmenes, comunicación y virus, un ensayo de Gilberto Calvillo Vives y Néstor Duch Gary publicado en Parteaguas, un breve apunte sobre la historia de la vacunación:
El médico inglés Edward Jenner fue el primero en llevar a la práctica la vacunación. En 1796, en Europa, le inoculó a un niño una variedad de viruela propia del ganado vacuno. No obstante, tuvieron que pasar todavía veinte años para que la vacunación masiva se hiciera realidad. En esa época, la mayor parte de los médicos ingleses se opuso a la propuesta de Jenner. Arguyeron que tal precedimiento podría transmitir características vacunas al ser humano. Es de interés mencionar que uno de los catalizadores de la vacunación masiva fue la orden de Napoleón Bonaparte de vacunar a todas sus tropas.
...

Repasando el más reciente número de la revista, destacan en mi opinión: El recorrido lingüístico de la palabra tabú a cargo de Pilar Montes de Oca, la cursi pero inteligente confesión desilusoria de Mariana Torres Ruiz, la colaboración de Gilberto Calderón Romo, pero sobretodo, el rescate de las fotografía de William Henry Jackson.

31 de mayo de 2009

Sobre la muerte de las lenguas

Leí la noticia en su momento. No me interesó. La muerte de Marie Smith Jones, con ella moría también el idioma Eyak. ¿Quién?, ¿qué idioma?.

Leo en la revista Replicante dos muy interesantes ensayos sobre dicha tragedia, a cargo de Andrés Bacigalupo y Jennifer Chan, que me han puesto a reflexionar sobre el tema. Transcribo brevemente un par de párrafos:
"Su caso sintetiza como pocos la innegable relación entre la destrucción de un hábitat y la pérdida del patrimonio cultural."

"Hoy ese es el panorama de más de 400 lenguas, incluyendo al tuzanteco en Chiapas (cinco hablantes) y al awakateko en Campeche (tres hablantes)"

"No sólo cada lengua es una ventana que abre a un paisaje diferente, sino que el recuerdo y su carnalidad dependen de la intimidad de una lengua con sus matices únicos"

"Pues aunque un pensamiento puede expresarse más o menos de la misma forma en dos idiomas diferentes, un sentimiento en cada lengua es un sentimiento diferente"
Los ensayos no se encuentran disponibles en la versión online de la revista, en detrimento de ello, les recomiendo esta trepidante semblanza sobre Rocco Siffredi a cargo de Pedro Trujillo.

25 de marzo de 2009

Lluvia de lecturas # 1

Algunas lecturas interesantes que me he encontrado en diversas revistas:

Historia de un computador, un muy entretenido cuento de Alejandro Zambra que aparece en la revista Letras Libres.

Las crónicas El infiltrado de David Aponte y El regreso sin gloria de Jaime Nunó de Héctor de Mauleón; así como el ensayo Historia y ficción de Enrique Florescano, todos ellos publicados en la revista nexos.

Los muy irónicos ensayos Ojos claros, piel canela de Carlos Galindo y La estupidez no tiene ismo de José Luis Justes Amador, ambos incluídos en la más reciente entrega de la revista Parteaguas.

Y por úlltimo, otro cuento hilarante, Ciudad. Once años de Édgar Velasco, que por desgracia, no aparece en la versión online de la revista Replicante.

10 de enero de 2009

El discurso de lo económico en el metro

Para un servidor el viajar en metro resulta (casi) siempre una experiencia fascinante. Como turista que soy, pienso que una de las principales atracciones del jocoso defecoso es ese inmenso gusano naranja que atraviesa, sin obstáculos de por medio, la Ciudad de México.

En Los rituales del caos Carlos Monsiváis entrega algunas de sus mejores crónicas. Una de ellas es sobre el metro y la misma puede leerse acá.

En el más reciente número de la revista Parteaguas aparece un interesante trabajo de Isaac Torres, quien recopiló las voces de la gente que pide dinero en el metro. Transcribo dos de ellas:

Mira, antes que nada, nosotros acabamos de salir el día de ayer del Reclusorio Oriente, salimos sin nada, nosotros nos dedicamos a robar, a quitarles sus cosas a la gente, pero ya no queremos, por eso venimos a pedirte un dinero para que no andemos robando, porque, mira, nosotros andamos todos tatuados y no traemos papeles de nada de la escuela, la gente en los trabajos no nos quiere dar chamba porque la mera verdad, mira, como tú nos ves pus así estamos que parecemos delincuentes y, la mera verdad, pus si somos delincuentes pero ya no, nosotros no queremos robarte, por eso pues venimos a pedirte una moneda, en buena onda, sin violencia ¿no?

A ver por ahí lo que gustes, échanos la mano para ya no andar robando, una moneda lo que sea, por ahí, por ahí…

Y ésta otra:

Mira yo no vengo a chorearte de que salí del reclu, que soy bien malota, gracias a Dios camino tranquila, no debo nada…

No soy la rata. Tampoco te vengo a mentir que tengo un familiar enfermo, ya quisiera uno que me estuviera esperando hoy. No cuento con un hogar ni con una familia, nos quedamos en la calle, lo que es una vergüenza yo lo sé.

Si a ti te nace del corazón regalarme una monedita. Algún taquito ¡carajo! Qué mejor, que Dios te lo multiplique no con dinero sino con amor. Bienestar para ti y toda tu familia, que Dios te dé casita, trabajo y que te dé más. Si me puedes regalar algún líquido, un taco, una fruta, alguna moneda… gracias… algún alimento…

6 de octubre de 2008

Parteaguas No.14


Recientemente salió a la venta la nueva entrega de la revista Parteaguas que como tema central aborda el erotismo. Algunos de sus artículos más interesantes son: La erótica del espacio, de José Luis Jiménez García, sobre la ausencia del erotismo en la arquitectura contemporánea y Arrrrrrooooz de Juan Pablo de Ávila en el cual se disecciona a Mauricio Garcés como el nuevo ícono de la masculinidad mexicana que suplió a Pedro Infante; igualmente atractivos resultan La ciencia detrás del dolor de Miguel Ángel Aguilar Dorado, el cuento La historia de del hombre que llora de Ricardo Arce y como siempre, la opinión de Morris Berman.

En éste número se publicó mi ensayo El perseguidor de faldas que a continuación transcribo:

El perseguidor de faldas:

Existió un libro ficticio, titulado por su imberbe autor como: El perseguidor de faldas. Llegó a publicarse mas no con dicho nombre, su editora, propulsora, y posterior amante, lo consideraba de poco gusto, pocas ventas cavilaban por su subconsciente -ciertamente, estaba en lo correcto-. Su autor en realidad se ufanaba, no de perseguir faldas, sino de ser perseguido por éstas; ni la una, ni la otra: No perseguía faldas, las admiraba; no le perseguían, le correspondían. En todo caso, conjeturaba erróneamente, no eran precisamente las faldas lo que tanto le obsesionaban, sino lo que éstas coquetas prendas le mostraban: Las piernas femeninas.

El libro ficticio terminó por llamarse: El hombre que amó a las mujeres y dio su nombre a aquella película homónima dirigida por François Truffaut, la cual mostraba a un hombre, Bertrand Morane (Charles Denner), quien vivió por amor y para amar a las damas. Su devoción por ellas fue tal, que a su funeral únicamente acudieron mujeres, éstas vestían de falda y mostraban sus piernas, se despidieron de él rindiéndole tributo al que fuera su fetiche.

“Las piernas de las mujeres son compases que circulan el planeta dándole equilibrio y armonía” -solía decir el protagonista-. Desconozco por completo la potencialidad que pudiesen poseer las piernas femeninas como armamento pacifista, no sé cuantas guerras han serenado y cuantas más provocado; pero sus capacidades eróticas son innegables, las piernas son a fin de cuentas el pedestal que sostiene al monumento femenino, las extremidades de mayores dimensiones que invariablemente nos hacen girar la cabeza y aguzar bien la mirada, a nuestros ojos les resultan sumamente atractivas.

El cine ha proyectado infinidad de fetiches en sus pantallas: En Cinema Paradiso eran los besos objeto de censura por parte de un cura, y de deseo por parte del público; en Crash: Extraños placeres las cicatrices, los fierros retorcidos y las víctimas de accidentes automovilísticos obsesionaban a unas cuantas mentes retorcidas; en Matador de Pedro Almodóvar un personaje asesinaba a sus parejas sexuales tras haber concluido el coito... y son muchas, diversas y variadas, las piernas femeninas que han sido capturadas por el cinematógrafo, repasaré a continuación algunas de las que, por muy diversos factores, han quedado grabadas en la mente de quienes admiramos el cine y las piernas.

***

Una de las precursoras en mostrarnos su fastuosa dupla de atributos femeninos fue la incomparable Marlene Dietrich en El ángel azul, sus piernas embelesaron a alumnos, a un profesor y al público por igual. La cantante Lola Lola (Dietrich) hipnotizó más que a ningún otro al profesor Immanuel Rath, quien furioso porque la Dietrich provocaba la desatención de sus alumnos inmorales, acude una noche a presenciar el show de Lola Lola, con la finalidad de pescar en in fraganti a los estudiantes, y poder reprenderlos en el momento exacto en el cual cometían su impúdico actuar.

Le bastó con presenciar un show, con una mirada, pero sobretodo, con un cruce de piernas, para que el sentimiento pasara furtivamente del amor al odio. El profesor Immanuel Rath lo dejará todo, su empleo, sus alumnos y su dignidad... su moralidad se derrumbó ante el poder de encantamiento proveniente de una dama.

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Dejo la descripción en manos de José de la Colina:
“En otra secuencia del film, Kelly cuenta a un productor de cine la idea para un número de comedia musical, inmediatamente visualizado por el espectador. En él aparece un provinciano (Kelly) que llega a Broadway a conquistar el mundo del espectáculo con sus irrefrenables ganas de bailar, es rechazado por varios empresarios y finalmente uno lo invita a danzar en un cabaret. Allí el joven baila ante un público de gente de mal vivir, su sombrero cae al suelo, él se arrodilla a recogerlo y (aquí viene el momento más bello, inquietante y erótico del film) lo ve sostenido en la punta de un pie femenino que se alza lentamente, por encima de la cabeza de su dueña (Cyd Charisse, con su increíble poder de aparición), una mujer sentada en una silla, de falda acuchillada, vestida a la moda de los veinte, el flequillo acentuando la intensidad oscura de sus ojos. Toda esta escena de presentación de Cyd es realizada con un ritmo lento y expectante, ceremonial, la cámara está acariciando ese cuerpo largo y esbelto, y con el solo gesto de alzar el sombrero con el pie, Cyd está ya danzando...”

La descripción es casi exacta, existe sin embargo un detalle que el escritor omite: La reacción de Gene Kelly. Éste se encontraba en su momento de gloria, era el dueño de la pista de baile, ésta se despejó para que él le diera rienda suelta a su bailoteo, pero al toparse con la pierna erguida de Cyd, le vuelven la humildad y la humanidad al cuerpo, el poseedor de hilarantes pasos de baile se queda quieto y sin habla.

En Cantando bajo la lluvia, la recientemente fallecida Cyd Charisse demuestra como los hombres sucumben, sin importar su status, ante los encantos femeninos, el bailarín y futura estrella no podrá olvidar jamás aquel breve encuentro, quedará por siempre prendado por la perfección de aquellas piernas capaces de dominar a cualquier varón. No es gratuito que para José de la Colina el anteriormente descrito sea “el plano más bello” que en su vida vio, el plano más bello, tenía que contener las piernas más bellas que se han proyectado a través del cinematógrafo.

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No creo recordar a ningún director de cine que tenga una fascinación semejante a la que Luis Buñuel tiene por las faldas y por las piernas, ya sea en sus cintas producidas en México: en Los olvidados, en Subida al cielo, en Susana, en Ensayo de un crimen; o en aquellas filmadas en Europa: en Tristana, en El discreto encanto de la burguesía, en Bella de día... pero es sin duda La ilusión viaja en tranvía la película en la cual el director español ejecuta su metáfora más precisa sobre su obsesión por dichos fetiches.

Buñuel dice en su autobiografía: “Puedo decir que, desde los catorce hasta estos últimos tiempos, el deseo sexual no me ha abandonado jamás. Un deseo poderoso cotidiano, más exigente incluso que el hambre, más difícil a menudo de satisfacer ... imposible resistir a este deseo, dominarlo, olvidarlo. No podía sino ceder a él. Después de lo cual, volvía a experimentarlo, todavía con más fuerza.”. Don Luis jamás desatendió su deseo por las piernas, la fuente de la cual brota la eterna instigación erótica. No es gratuito que Lilia Prado interprete a Eva en una pastorela, la mujer que fue tentada por el diablo, la que incita al hombre para que éste caiga en la tentación... ayudada, en gran medida, por un par de piernas capaces de provocar al Adán más puritano.

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Quizás la imagen más conmemorada de Marilyn Monroe, la que usualmente adorna bares y cafeterías, es aquella en la que el viento del metro provoca, condescendientemente, que su vestido blanco se eleve por los aires, quedando por lo tanto al descubierto sus sugestivas y lácteas piernas. La escena contenida en la película La comezón del séptimo año parió un mito: El de la casta coquetería.

La chica le muestra al espectador, aparentemente sin advertirlo, el relampagueante encantamiento de sus piernas al descubierto, y no solo lo hace, sino que aparentemente se divierte al hacerlo. Resulta ser la mezcla perfecta de la picardía anhelada por una gran cantidad de sementales: Una chica que aparenta una fantasiosa ingenuidad en su comportamiento, pero poseedora (y sabedora) de la atractiva sensualidad innata que alberga en su anatomía.

La Monroe en realidad únicamente pretendía refrescarse un poco, sofocar el agobiante calor veraniego ventilándose exiguamente sus piernas, con la inocencia de una niña, improvisa un creativo –y recreativo dirán algunos- remedio: “El aire del metro”. Su solución inspira, la fugacidad de la secuencia cinematográfica se inmortalizó en la fijeza de los pósters. “¿No es delicioso?” -pregunta Marilyn Monroe-... ¡sí!, ¡delicioso!, no en balde, ha bastado un único fotograma para que te atesores en la eternidad.

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Perfectos instrumentos en el arte de la seducción resultaron ser las maduras piernas de Mrs. Robinson (Anne Bancroft), fueron idóneas para conquistar a un joven e indefenso Benjamin Braddock (Dustin Hoffman) en El graduado. Anne Bancroft ríe, ríe mientras embelesa a su víctima, el recientemente titulado Benjamin Braddock, quien opone ante el acoso una resistencia timorata y abogacil, apenas masculla unas cuantas palabras: “Está usted tratando de seducirme”, acusa retraídamente, la carcajada y la negación son las respuestas que obtiene, un cinismo que no intenta negar lo obvio, simplemente lo enigmatiza, Hoffman ya no intentará frenar a su victimaria, doblará sus manos, cederá, la tensión lo ha vencido.

El coqueteo que se inició con el sutil levantamiento de una pierna con la clara intención de dejar entrever un par de muslos parcialmente desnudos, concluyó con una Mrs. Robinson completamente desnuda, solamente el intempestivo arribo del marido pudo interrumpir aquella querella entre acosadora y acosado. No obstante, Anne Bancroft no luce desalentada, sabe que su veneno se ha introducido en el torrente sanguíneo del mancebo Dustin Hoffman, sabe que le ha mostrado sus piernas, sabe que los hombres siguen a éstas como las ratas a la música del flautista de Hamelín, sabe que muy pronto regresará, no en balde se despide de él diciéndole: “Espero verte pronto”... y bien pronto que lo volvió a ver.

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Y cuando la vista resulta un impedimento, ¿Cómo se logran contemplar las piernas femeninas?. La respuesta la da Michio (Eiji Funakoshi) en Blind Beast de Yasuzo Masumura: “Los ciegos tenemos ojos en nuestras huellas digitales, conozco tu cuerpo mejor que alguien con ojos”. El placer es alcanzado por medio del tacto.

El escultor amateur Michio descubre el erotismo mediante sus manos, le bastará con palpar la escultura de una mujer para sentirse atraído hacia ella... más tarde logrará hacer contacto con la joven modelo, en teoría, le dará un masaje para solventar la fatiga laboral de ésta. La suavidad y la lentitud de los trazos parsimoniosos que ejecuta con sus manos en contacto con la suave y tersa piel de las piernas de ella, resultan ser los detonantes de múltiples sensaciones: Él se excita y se enamora por lo que ha sentido; ella se sentirá compungida al percibir una intimidante vibra erótica en un masaje de manufactura laboral. Las piernas, no necesitan ser vistas para arrancar suspiros y cariños, basta con sentirlas a través de las manos para quedar extasiados por ellas.

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Eddie Valiant es un detective privado venido a menos, la muerte de su hermano lo ha orillado a adoptar el alcoholismo y el malhumoramiento como curas placebas para mitigar su depresión... ¡ah!, otra cosa más, detesta a las caricaturas, pues fue precisamente un dibujo animado quien le dio muerte a su consanguíneo.

Pero, extrañas paradojas del destino, un Valiant escaso de fondos monetarios se verá obligado a trabajar en un caso caricaturesco, debe descubrir la infidelidad de la esposa de Roger Rabbit, el superestrella de los dibujos animados. Se le pagará para que logre captar fotográficamente a Jessica Rabbit en manos de otro, trabajo fácil, bastará con que acuda a un cabaret en el cual ella actúa como parte de la variedad, y donde supuestamente, se cita frecuentemente con su amante.

El detective acude al lugar, no tiene ni la más remota idea de cómo luce físicamente la señora de Rabbit, apenas ahí la conocerá, no obstante le presupone cierto parecido físico con su esposo, y por ende, con su apellido, espera encontrarse con una afelpada conejita. El creciente bullicio anuncia la eminente aparición de Jessica Rabbit, una opulenta pierna desnuda se asoma entre los telones del escenario, una portentosa y sensual voz inunda los oídos sordos de la concurrencia, la cortina se abre y deja ver la curvilínea figura de la Rabbit. La cara de asombro de Eddie Valiant es impagable, la transformación de su rostro merecía un Oscar, los senos, la diminuta cintura y la pierna desvestida de Jessica Rabbit habían logrado hipnotizar al detective, quien pasmado llega a preguntar: “¿Ella está casada con Roger Rabbit?”.

Jessica y su pierna desnuda se pasean a lo largo y ancho del escenario, los ojos de los espectadores, todos ellos varones, se centran y concentran en su silueta femenina, no les importa que ella esté cantando una típica canción de desprecio por lo masculino, los hombres tienen predilección por el sentido de la vista, no han desarrollado del todo el de la audición. Eddie Valiant está en trance, se ha rendido ante la sensualidad derrochada por una caricatura, resultó ser el erotismo la medicina perfecta para remendar su enfermedad y su animadversión, tanto así que el detective terminará por erguirse como un auténtico héroe para todas las caricaturas vivientes... Jessica Rabbit, en ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, demuestra que las piernas femeninas son el brebaje perfecto para sanar cualquier depresión de machos.

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A Catherine Tramell (Sharon Stone) le bastaron unos breves segundos para que miles de personas fantasearan con ella, que cruzara sin pudor sus piernas en una secuencia de la película Bajos instintos fue el detonante de un elevado número de erecciones, la escena se transformó en un clásico instantáneo de los clichés eróticos, ha sido citada y parodiada una y otra vez.

Su principal atractivo radica, no en que se deje entrever su sexo, sino en mostrar la reacción de un público ávido por poder vislumbrar sus genitales, las piernas, a fin de cuentas, son el salvoconducto que transporta hacia la entrepierna. En el interrogatorio los detectives, aparentemente más nerviosos que la indagada; el sudor de sus rostros, el silencio de sus labios y la dureza de sus cuerpos les delata; en medio de un cúmulo de preguntas llegan a ser cuestionados: “¿Exactamente qué tienes (tienen) en mente?”, ¿Están fascinados los hombres por las piernas femeninas, o por lo que se encuentran cuando éstas terminan? Sharon Stone parece conocer respuesta, ello la llena de seguridad, nunca se cansa de mover las piernas, juguetea con ellas y con los hombres.

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Que lo diga mejor “Tin Tan”:

Calabacitas tiernas, que inicialmente iba a llamarse ¡Ay qué bonitas piernas!, ha de ser el ejemplo perfecto de la fascinación de los hombres por las mujeres, específicamente, por sus piernas. “Tin Tan”, un pachuco sin oficio ni beneficio, quien carga con una suerte tan mísera que falla incluso al intentar suicidarse, ve de pronto, tras haber sido atropellado, como la suerte le sonríe: Tiene casa, le creen millonario, y, ¡está rodeado de hermosas mujeres!.

Las piernas de sus múltiples coprotagonistas sirven, claro está, para ser contempladas y admiradas, pero también para algo más importante, para darle ritmo a la vida, el film es rítmico gracias a ellas. Trata sobre el montaje de un espectáculo musical, el espectáculo de la vida, la alegría emanada de éste se sostiene gracias a la vivacidad de las piernas de las diversas bailarinas, sus extremidades marcan el ritmo y el son de la existencia de la totalidad de los protagonistas... quizás Bertrand Morane tenía razón: “Las piernas de las mujeres son compases que circulan el planeta dándole equilibrio y armonía”... y “Tin Tan”, mejor que nadie, sabe rendirles pleitesía, les aplaude, las apapacha, las idolatra, les rinde reverencia, las ama... sabe, sin duda, la importancia que las piernas femeninas tienen en esta vida.

Despidámonos en la voz de aquella canción que “Tin Tan” nos enseñó: “Yo ya estoy convencido, de lo que a mí me pasa, que hay algo aquí escondido, y es dentro de esta casa, un espejo que habla, una vida regalada, y mujeres y mujeres, que son mi debilidad. Nada me extrañaría, que el espejo me hablara, ni me sorprendería, que al rato me casara. Pues si es que no te extrañe, hablaremos un rato, tu ya estas enredado, como un vil mentecato, te crees ser empresario, y mueres por las piernas, en otras condiciones, calabacitas tiernas”.

Bibliografía:

Buñuel, Luis, Mi último suspiro, Debolsillo, España, 2001.

De la Colina, José, Miradas al cine, CONACULTA, México, 1997.

2 de septiembre de 2008

¿Las mejores películas mexicanas de los últimos 30 años?


La revista nexos publica en su número 369 los resultados de una encuesta sobre Las mejores películas mexicanas de los últimos 30 años. Llama la atención la mezcolanza de electores: Van de Nelson Carro a Martha Higareda, en este tipo de ejercicios en los cuales priva la opinión hegemónica de la crítica cinematográfica, ésta se vió opacada (de entre 50 electores aparecen menos de 10 críticos) por la abundante participación de actores (12).

Las tres cintas que más votos recabaron fueron: El callejón de los milagros, Amores perros y Luz silenciosa, como en toda lista hay ausencias notorias y bizarras inclusiones, pero en líneas generales sigue prevaleciendo una monotonía de nombres que se puede comprobar comparándola con ejercicios similares a cargo de revistas como Día siete y Letras libres.

La votación viene acompañada de un breve ensayo a cargo de Leonardo García Tsao: ¿Son las mejores películas mexicanas de los últimos 30 años? el cual, a mi juicio, es bastante pobre: No analiza, no debate, no expone, no provoca... un artículo insípido, fiel reflejo de los sinsabores de nuestro cine.

29 de agosto de 2008

Divagaciones # 2 ... las molestas páginas en blanco

Terminé de leer la revista Replicante e inmediatamente sentí cierto vacío, algo me faltaba, algo andaba mal, algo no me cuadraba... volví a revisar la portada -muy buena por cierto- y me percaté de que no recordaba haber leído el anunciado –y por mí esperado- ensayo de Naief Yehya (¿demencia?), revisé mi revista y... o sí... ¡le faltaban 16 páginas!.

Me dirijo al Sanborns presto a reclamar el desperfecto, recibo un trato afable, agarro otra revista y ¡zaz!, ¡tampoco contenía las mismas 16 páginas!, ¿qué pedo?, ¿acaso se están burlando de mí?... ya más por devoción que por otra cosa tomé otro ejemplar y... ¡por fin!, la revista íntegra y completita.

Cuando regresaba a mi casa recordé la cantidad de libros que he adquirido con hojas en blanco o faltantes -nunca me había ocurrido con una revista-: La niebla, La guerra de los mundos, Cuadernos de estudios cinematográficos 12... que enorme dolor de cabeza resultan para nosotros los lectores dichas lagunas provocadas por desperfectos de encuadernación e impresión.