17 de enero de 2009

Divagaciones # 8 ... el trago amargo

El día de ayer me cuestionaba un amigo sobre un pequeño dilema, pero dilema al fin, que tiene en su vida. Al escucharlo comprobé que una de las bifurcaciones en las cuales se divide su encrucijada le incomoda amargamente.

Ayer también, fui con unos amigos a disfrutar del fin de semana, llegamos a un bar y pedí una cerveza de esas que les dicen "de a litro" -que en realidad traen menos de un litro-. Conforme ingería la cerveza un extraño sabor amargaba mi lengua y mi garganta, no le hice mayor caso al inconveniente pero llegó el un momento en el cual el sabor amargo se mezcló con un olor insoportable y aquello terminó por fastidiarme.

Incrédulo, pasé entre mis amigos el vaso de supuesta cerveza y les pregunté si aquello no les olía o les sabía a jabón, a lo que todos me respondieron afirmativamente. El problema pues no era mío sino del brebaje. No reclamé, sabía muy bien que la mesera no tiene la culpa de ello, simplemente no volveré a acudir a un lugar donde no solo reciclan los vasos desechables -algo en sí mismo desagradable- sino donde incluso los reciclan mal.

Siempre he sido, hasta cierto punto, especial con lo que ingiero: nunca tomo té, sencillamente no me gusta; evito a toda costa el tequila pues me embriaga demasiado; ingiero lo menos posible el vino de mesa, me seca la boca.

Evitaré de ahora en adelante ir a un bar en el cual no saben lavar vasos desechables. Espero que mi amigo evite una situación que sabe amarga de antemano. Es que no hay peor sensación en esta vida que la de un trago amargo.

12 de enero de 2009

Aguascalientes alicaído


En cierto programa televisivo, escucho al politólogo Carlos Elizondo Mayer-Serra sentenciando que es Aguascalientes el ejemplo perfecto del deterioro que actualmente sufre el país. Un estado que –según sus propias palabras- tenía estándares de vida de primer mundo y ahora ha dejado de ser ejemplo de excelencia a nivel nacional.

A lo largo del transcurso del periodo vacacional recientemente concluido, pude hablar con gente oriunda de éste estado que por diversos motivos -de estudio o de trabajo principalmente- dejaron la ciudad. De ninguno de ellos escuché intención alguna de regresar a Aguascalientes, pero más allá de eso, los que aquí vivimos sin dudar les sugerimos que no retornaran (al menos por un tiempo).

Es esa una triste realidad de nuestro estado. Más allá de los comentarios provenientes de aquellos que llegan a conclusiones a partir de la interpretación de ciertas estadísticas, o de la certeza de que para progresar hay que emigrar forzosamente; es el sentimiento de desilusión del hidrocálido para con su tierra el mayor indicativo de que Aguascalientes está alicaído.

Cuando un visitante llega a estas tierras el hidrocálido que lo recibe le cuenta con cierta nostalgia que el Aguascalientes que ahora ve no es aquel paraíso que solía ser apenas unos cuantos años atrás. El orgullo que se tenía por habitar en la tierra de la gente buena se ha ido desvanecido, ahora miramos con melancolía lo que un día fuimos y ya no somos más.

El asfalto que antaño alojaba exclusivamente caucho y algunos cientos de topes es ahora visitado ocasionalmente por casquillos y charcos de sangre; la ciudad en la que uno estacionaba el automóvil y podía, en un descuido, dejar los cristales bajados sin lamentar las consecuencias de su equívoco tiene ahora un altísimo índice de robo a vehículos y casas habitación; el Aguascalientes que desconocía lo que era el desempleo ahora lo padece y varios de los que están empleados reciben quincenas francamente raquíticas.

Y a todo esto, ¿Cómo han respondido nuestros gobernantes? La palabra es el principal paliativo del gobierno federal, para combatir la crisis anuncia con bombo y platillo un plan anticrisis -ellos siempre tan brillantes como originales. Of course-; la magna obra pública que edificó el gobierno municipal el año pasado, con la finalidad de sacar a la ciudad del tercermundismo, consistió en empedrar una calle que ya estaba asfaltada, agregándole además banquitas ¡y una fuentecita!; el gobierno del estado, ante la imposibilidad de atraer inversiones, tiene la brillante idea de mandar a sus cientos de desempleados a Canadá –oh my god! Are you kidding me?, así de nice-.

Las ofertas más tentadoras consistían en laborar como albañil en el primer mundo. Esperemos además que a los contratados no les pase lo mismo que a los empleados en el Estado de México por el gobierno de la ciudad de Québec, el cual ante la crisis, tuvo que cancelar las once mil plazas de trabajo que había ofertado y acordado.

Carlos Elizondo Mayer-Serra tiene razón, Aguascalientes es el reflejo perfecto de las consecuencias de nuestras crisis como nación. Acá, ante la tempestad, nuestros gobernantes se han dedicado a arreglar una ilusoria fachada cuando al interior de nuestro estado las paredes se están derrumbando. Francamente lamentable.

10 de enero de 2009

El discurso de lo económico en el metro

Para un servidor el viajar en metro resulta (casi) siempre una experiencia fascinante. Como turista que soy, pienso que una de las principales atracciones del jocoso defecoso es ese inmenso gusano naranja que atraviesa, sin obstáculos de por medio, la Ciudad de México.

En Los rituales del caos Carlos Monsiváis entrega algunas de sus mejores crónicas. Una de ellas es sobre el metro y la misma puede leerse acá.

En el más reciente número de la revista Parteaguas aparece un interesante trabajo de Isaac Torres, quien recopiló las voces de la gente que pide dinero en el metro. Transcribo dos de ellas:

Mira, antes que nada, nosotros acabamos de salir el día de ayer del Reclusorio Oriente, salimos sin nada, nosotros nos dedicamos a robar, a quitarles sus cosas a la gente, pero ya no queremos, por eso venimos a pedirte un dinero para que no andemos robando, porque, mira, nosotros andamos todos tatuados y no traemos papeles de nada de la escuela, la gente en los trabajos no nos quiere dar chamba porque la mera verdad, mira, como tú nos ves pus así estamos que parecemos delincuentes y, la mera verdad, pus si somos delincuentes pero ya no, nosotros no queremos robarte, por eso pues venimos a pedirte una moneda, en buena onda, sin violencia ¿no?

A ver por ahí lo que gustes, échanos la mano para ya no andar robando, una moneda lo que sea, por ahí, por ahí…

Y ésta otra:

Mira yo no vengo a chorearte de que salí del reclu, que soy bien malota, gracias a Dios camino tranquila, no debo nada…

No soy la rata. Tampoco te vengo a mentir que tengo un familiar enfermo, ya quisiera uno que me estuviera esperando hoy. No cuento con un hogar ni con una familia, nos quedamos en la calle, lo que es una vergüenza yo lo sé.

Si a ti te nace del corazón regalarme una monedita. Algún taquito ¡carajo! Qué mejor, que Dios te lo multiplique no con dinero sino con amor. Bienestar para ti y toda tu familia, que Dios te dé casita, trabajo y que te dé más. Si me puedes regalar algún líquido, un taco, una fruta, alguna moneda… gracias… algún alimento…

6 de enero de 2009

Optimismo acallado


El optimista es aquel que ve siempre el vaso medio lleno. La adversidad para él no es motivo suficiente como para caer en el abismo del desánimo, por el contrario, es una atenta invitación a un nuevo reto que deberá de afrontarse con entereza. El optimista es el faro que orgullosamente ilumina la isla que yace en las penumbras.

Apenas comienza a dar sus primeros trastabillantes pasos el 2009 y el parte médico que se ha arrojado entorno a este nuevo año es francamente desolador: “lo peor del 2008 es el 2009”, se dice con suma certeza. Su malformación es hereditaria, el 2008 fue un mal padre y éste será un peor hijo. Los expertos emiten entonces sus muy peculiares recomendaciones: no malgaste su aguinaldo, no abuse del uso de sus tarjetas de crédito, apriétese el cinturón, coma apenas lo indispensable para sobrevivir…

Atrapados en las tinieblas provocadas por las crisis financiera y de inseguridad, iniciamos el año temerosos, nos adentramos al 2009 despacio, pasito a pasito, los pronósticos apocalípticos y la incertidumbre nos atosigan. ¿Y los optimistas? Los optimistas son acallados, si alguno de ellos pronostica un futuro ya no digamos halagador sino siquiera esperanzador, es inmediatamente atacado por los tremendistas, sus argumentos –sean verídicos o ficticios- son derribados raudamente por la lapidaria avalancha de la recesión, ante los múltiples signos de catástrofe existentes, no hay querella que pueda ganarse hondeando la pírrica bandera del optimismo.

Si alguien osa sonreír ante el fatídico porvenir que se avecina es mal mirado, lo suyo es visto como un disparate, es como aplaudir en un funeral o sufrir disfunción eréctil en un prostíbulo, sencillamente está fuera de lugar. El optimismo no tiene cabida en este 2009 que tiene que ser forzosa y aterradoramente atroz.

El optimista es pintado como un iluso que no quiere confrontar la realidad, un sujeto que pretende evadir lo inminente elaborando un discurso color de rosa que quizás ni el mismo llegue a creerlo; es ingenuo, edifica castillos en el aire, sobredimensiona las buenas noticias y pasa por alto las malas, ve la tempestad y no se hinca; es un inmaduro, ve caras largas y no para de sonreír, ve bolsillos vacíos y sigue comprando como en épocas de bonanza, ve proyectos frustrados y no deja de planear…

Pese a ello, creo que en momentos como estos requerimos de los servicios de los optimistas. Recuerdo Atrapado sin salida, en aquella película dirigida por Milos Forman y estelarizada por Jack Nicholson hay una escena extraordinaria: McMurphy (Nicholson) les pide a las enfermeras del nosocomio que prendan el televisor para poder ver un partido de béisbol, la respuesta de éstas es negativa pero ante su insistencia ceden y encienden el monitor mas no en el canal que transmite el partido, pese a ello McMurphy luce jubiloso, festeja home runs inexistentes y narra un partido que se desarrolla exclusivamente en su imaginación, su efusividad logra contagiar al resto de sus compañeros quienes disfrutan de un partido imaginario, la ruindad de un manicomio fue derrocada por el optimismo de un loco entrañable. Un pesimista dirá que el final del personaje de Nicholson es sumamente triste, a mí sin embargo me gusta admirar el filme desde la perspectiva del optimista, la alegre rebeldía de McMurphy que termina aleccionando y liberando a aquel personaje apodado “El jefe” en un final inolvidable.

31 de diciembre de 2008

Algo más sobre mí y la magia de hacer cine

Un par de semanas atrás, acudí al cine a ver la nueva película de Michael Gondry. Confieso que La ciencia del sueño no me gustó y que Eterno resplandor de una mente sin recuerdos no me pareció tan híper-hilarantísima-mega-genialius como a muchos pero, pese a ello, compré sin remilgo alguno mi ticket para entrar a ver Originalmente pirata.

Tan pronto como comenzó la proyección pude encontrarme con todo aquello que me suponía con predisposición: un estilo gondriesco infectado por el humor Jack Black y con cierta dosis de cursilería, sin embargo, de a poco la cinta me fue ganando, me fui dando cuenta de que el peculiar estilo de Michael Gondry no era tan marcado como en el resto de sus películas, que toda esa estética y temática cool, que tanto me atosiga, se desvaneció con una simple meada.

El filme terminó atrapándome, no por su manufactura ni por su artística, simplemente porque me contagió con la nostalgia que irradia a caudales. Ver a Jerry, Mike y a Alma haciendo películas con lo mínimo me remitió a mis tiempos de estudiante en los cuales hice un par de cortometrajes con lo mínimo.

Los que realicé como estudiante fueron todos ellos productos sumamente deficientes, cierto, pero (al menos así los siento yo) llenos de emociones y recuerdos. Veo el cine que actualmente se produce, sea éste de arte, comercial, oriental o mexicano, y me encuentro con un “cine sin alma” –empleo las palabras que utilizó Carlos Boyero para describir El aviador de Martin Scorsese-. Actualmente es común encontrarse con películas realizadas técnicamente con maestría pero que no transmiten mayor cosa, la misma crítica cinematográfica (al menos la que un servidor lee) está plagada de tecnicismos: “excelente fotografía”, “soberbias actuaciones” “guión sólido”… ¿y las sensaciones?

Vuelvo a la película: veo a Jerry, Mike y a Ana disfrazándose de leones, colgando fantasmas de espuma con hilo nylon, reinterpretando mágicamente a un Robocop de la serie Z. Vuelvo a mis recuerdos: experimentos cinematográficos en los que grabábamos en ocasiones sin trípode, sin iluminación, sin la más mínima idea de cómo hacer cine, pero en los cuales compensábamos nuestras deficiencias con mucho corazón, donde faltaba un steady-cam sobraban manos, donde faltaban conocimientos sobraba el entusiasmo y el ingenio. Que gratos recuerdos.

30 de diciembre de 2008

La historia enlistada


Como si se tratase de una añeja tradición, cada fin de año se publican en diversos medios de comunicación múltiples análisis que pretenden recapitular lo más destacado del año que termina, una de las grandes peculiaridades de éstos es que en su gran mayoría resumen enlistando: el top ten de los mejores libros del año, las diez películas más taquilleras, el deportista del año, los veinte sucesos que conmovieron al mundo, el hombre del año, los escándalos del 2008, las mejor vestidas…

Me parece que el enlistado es una modalidad peligrosa para resumir los acontecimientos de todo un año, reducirlo todo a un determinado y selecto número de eventos, que queden en los libros y en la memoria colectiva estas diez películas consideradas como destacadas y que el resto de ellas queden condenadas al olvido, que la humanidad recuerde ciertos eventos políticos pero que estos otros permanezcan enterrados, ensalcemos a ciertos personajes públicos y a otros condenémoslos al ninguneo… la historia ahora no la escriben los ganadores ni tampoco los perdedores, la escriben los populares.

La popularidad y la frivolidad destacan en estos peculiares resúmenes, descuella en ellos exclusivamente aquello que fue lo suficientemente masivo como que para que la gente lo recuerde con facilidad, se destaca un evento por su impacto mediático no por sus consecuencias socioculturales, se privilegian la difusión de los “qué’s” y se obvian los “por qué’s” de los citados eventos.

¿Qué ocurrirá cuando futuras generaciones quieran aproximarse a lo acontecido en un año como este 2008? Seguramente algunas, muchas de ellas recurrirán a esta historia enlistada de fácil acceso y lectura, y creerán que lo contenido en dichas listas es un claro y puntual resumen de lo acontecido en el periodo correspondiente, la curiosidad menguara pues si los contemporáneos ya hemos establecido lo que es digno de destacarse, para que molestarse en rescatar aquello que nosotros mismos hemos enterrado.

¿Cuál es el propósito detrás de esta manía por resumir la historia en una lista? Supuestamente el establecer un resumen, esquematizando por su jerarquía, prioridad y trascendencia, de lo acontecido en el transcurso del año. ¿Nos sirve ello de algo? Sinceramente creo que no, un periodo de tiempo debe de estudiarse en su conjunto, no limitarlo a un enlistado en el cual se enumeren hechos aislados, debiéramos de dedicarnos a analizar este 2008 en su totalidad y no remontarnos a acontecimientos exclusivamente anecdóticos.

29 de diciembre de 2008

Más sobre el error en carne propia

En estos días festivos en los cuales priva el desenfreno y el regocijo, en los que los diarios se encuentran desnudos, escasos de editoriales y rellenados con notas sumamente intrascendentes, es muy grato leer una columna como la que el editor Braulio Peralta publicada el día de hoy en Milenio. En ella habla de los errores.