Mi mamá es una persona hasta cierto punto obsesionada con el dinero. Por ejemplo: cada que ve algún evento deportivo –el tenis sobretodo, que es el deporte que más le apasiona- más allá de sentir curiosidad por los logros deportivos, mi mamá suele apasionarse con los logros monetarios de los atletas: ¿Cuánto dinero ganó Roger Federer en esta ocasión?, ¿Y Rafael Nadal?.
22 de febrero de 2009
Las enseñanzas de mamá # 6 … la fascinación por el dinero
20 de febrero de 2009
Algo más sobre mí y mi naciente miedo a envejecer
Acudí a ver esa película que se ha vuelto todo un boom y cuya fama crece de boca en boca a velocidades únicamente alcanzadas por los chismes de la farándula: El curioso caso de Benjamin Button. Revisando algunas críticas me encuentro en un foro de cine con el siguiente comentario, el cual, comparto ampliamente:
“¡que embole que me pegué! Creo que mientras Pitt se iba haciendo joven yo en el cine me iba haciendo viejo”
16 de febrero de 2009
La tragedia de Óscar Wao

A finales del año pasado tuve la fortuna de leer un libro que me pareció extraordinario: La maravillosa vida breve de Óscar Wao. Título irónico por cierto, la vida de ese desafortunado antihéroe era ante todo una suma de infortunios y tragedias.
13 de febrero de 2009
La lección del día # 2 ... Viernes 13
Siempre pensé que el enigma del Viernes 13 provenía de alguna gringada pues acá en México lo que rifa es elMartes 13, pero por Carlos Tello me doy cuenta de mi error, dice en su columna titulada Viernes 13 afirma:
Pero volvamos al 13, al viernes 13. El miedo a esta fecha tiene su origen en un hecho misterioso y sangriento de la historia de Francia: la destrucción de los Templarios. Ella ocurrió la noche del viernes 13 de octubre de 1307.Oh!
11 de febrero de 2009
Los catastrofistas ¿al cesto?

“No es tiempo de demeritar, sino de aportar. Valoramos la crítica que orienta soluciones y el análisis que alerta sobre riesgos latentes, pero debemos rechazar todos el catastrofismo sin fundamentos, particularmente ahora llevado a extremos absurdos que dañan sensiblemente al país, a su imagen internacional, que ahuyenta inversiones y destruye los empleos que los mexicanos necesitan". Estas palabras fueron proferidas por nuestro presidente Felipe Calderón. Un servidor, patriota leal y ejemplar, hubo a bien adoptarlas e intentar ponerlas en práctica.
El sábado, desde temprano, traté de ponerme en contacto con algunos de mis conocidos, ¿el propósito?, que saliéramos a despejarnos un rato, que nos diera un poco de aire, romper con la amarga rutina, celebrar algo, ¿qué?, no importaba, el pretexto era francamente lo de menos, era el esparcimiento el único propósito que tenía en mente, sin embargo, no obtuve respuesta alguna.
Como a eso del mediodía, una severa jaqueca comenzó a doblegar mi estado físico y anímico, el mal que me aquejaba se fue agravando conforme pasaban los minutos, el entorno laboral no era el adecuado, por el contrario, las caras largas que podía ver en todos y cada uno de mis compañeros de trabajo solo me afectaba más y más, en el messenger solo encontraba quejas y más quejas de mis amigos, incluso de quienes habitan en el extranjero, les preocupa la debilidad del peso, ¿leer el periódico online para despejarme?, ni para qué, es una tortura, tanto reporteros como editorialistas se han vuelto catastrofistas, tomé entonces el libro que tenía sobre mi escritorio, pero el dolor de cabeza se había vuelto tan insoportable que me impidió iniciar siquiera su lectura.
Me encontraba prácticamente al borde del delirio cuando recibí una llamada telefónica, un amigo me proponía que acudiéramos a una fiesta, la invitación fue aceptada de inmediato, ¿qué se celebraba?, no me importaba, había que ir, además, mi camarada alegaba que en tiempos de crisis sale más barato emborracharse en una fiesta que en un bar, la fiesta destilaba desde ya cierto tufo a catastrofismo, pero no le dí importancia, era fiesta a fin cuentas.
La jaqueca no me dejaba en paz, fue un mal día para prácticamente todos en el trabajo, todos percibimos que las cosas no marchan bien, así que decidí alejarme de aquel lugar impregnado por la catástrofe y me refugié en mi hogar, me alistaba ahí para acudir a la fiesta cuando de repente recibí otra llamada, y sí, ¡una invitación para otra fiesta!, ¿pues cual crisis?, si la gente sigue yendo a divertirse, por vez primera en el día el panorama se despejaba y la alegría parecía surcar los cielos.
Pasé a casa de mi amigo y nos dirigimos directos y sin escalas a la fiesta, me compré unos Ruffles con queso para ver si mediante su ingesta lograba mitigar el dolor de cabeza, pero nada de eso pasó, la jaqueca se estaba volviendo sumamente insoportable por lo que me dediqué a escuchar pláticas ajenas, a mi lado derecho una muchacha se quejaba amargamente de la vida, doblegada por su incapacidad para tomar decisiones, practicaba la inacción y la pasividad como su estilo de vida, dejaba que el mundo le pasara por encima, todo aquello me pareció sumamente catastrófico por lo que decidí voltear hacia mi lado izquierdo, ahí me encontré a un par de amigos que charlaban sobre sus trabajos, uno de ello parecía estar conforme con su laboro, ¡gran alivio!, al fin alguien que no tiene (¿o no quiere hacer públicas?) sus tragedias personales, pero la otra persona se mostraba preocupada, los recortes de personal estaban a la orden del día en su empresa, nos comentaba como cada junta que tenían con sus jefes era únicamente para recibir más y más malas noticias, la catástrofe pues, me persiguió a lo largo del día y la noche, decidí huir de ahí, quizás mi jaqueca se debía a aquella catástrofe que por más que quise no pude evadir.
Esa es por desgracia nuestra desafortunada realidad, la crisis se ha vuelto omnipresente y es prácticamente imposible escapar de ella. En esta situación, quienes ven en ella una catástrofe no son más que un ejército de personas incapaces de no prestarle atención al tormento que les rodea, al menos, se puede decir de ellos que no se acobardan, que no le dan la espalda a la realidad por más trágica que ésta sea. Felipe Calderón erró por completo, en estos tiempos de crisis no son los catastrofistas quienes deben ir a parar al cesto de la basura, estos al menos con sus histerias logran ponernos a todos en alerta, es ese su aporte, pequeño, pero aporte al fin. Yo de mi parte solo espero que no sean ellos los causantes de mi dolor de cabeza, de lo contrario, padeceré de jaqueca por un largo tiempo.
9 de febrero de 2009
Chutando prioridades

Si algún ingenuo todavía tenía ciertas dudas sobre cuan escaso es el aprecio del cual gozan nuestros partidos políticos -y todo aquello que les rodea- entre la población, en el reciente vendaval provocado por la abrupta interrupción de las transmisiones de los partidos de fútbol tienen un claro ejemplo del tamaño de la apatía que buena parte de la ciudadanía tiene hacia las diversas agrupaciones políticas.
Dicen que la abrupta interrupción de la transmisión de la querella futbolera desencadenó airadas reacciones. Un servidor se sincera, no soy un ferviente seguidor del soccer, y debido a ello, no pude ser partícipe ni testigo de tan singular evento. Pese a ello, no es difícil deducir lo acontecido: miles de mexicanos se encontraban frente al televisor, algunos deglutían Sabritones, otros engullían un balde de palomitas de esas que se-hacen-de-volada-en-el-micro, la gran mayoría de seguro sostenían un envase de caguama en su mano derecha, algunos probablemente estaban enfundados en la playera de su equipo favorito, otros en su defecto, portaban algún pants -ante todo la comodidad en el fin de semana-. Aunque la pasión futbolera llega a estresar a más de uno, ésta es un usual calmante que ayuda a estimular el estrés acumulado a lo largo de la semana. Su pronta interrupción, el tener que padecer las falsas promesas de algún político en lugar del deleite provocado gracias al probable gol de Salvador Cabañas, debió de haber infartado a más de uno. En su búsqueda por el regocijo y la relajación, el aficionado se estrelló con una absurda y burda propaganda política.
Si algo consumimos en grandes cantidades aquí en México, además de tortillas, es sin duda fútbol. No es difícil apreciarlo, somos, por poner algunos ejemplos: el segundo país que más playeras de fútbol consume en el mundo, solamente somos superados por Brasil; semana a semana los raitings más altos de audiencia lo obtienen algunos partidos de fútbol; y en el colmo del fanatismo aciago, no son pocas las anécdotas sobre algún tristemente célebre samaritano que hubo a bien suicidarse debido a la derrota del equipo de sus amores en el clásico de clásicos.
Paradójicamente, uno de los más gratos recuerdos que me ha legado el fútbol se remonta precisamente a una interrupción. Aquel equipo que por desgracia hemos perdido, los Gallos de Aguascalientes, disputaban el campeonato de la primera división “A” en contra de los Venados de Yucatán, eran otros tiempos, no se transmitió el partido ni por televisión ni por Internet -al menos yo no tuve conocimiento de ello-. Todos los hidrocálidos escuchábamos en vilo la transmisión por medio del radio, los comentaristas eran realmente malos por lo cual los radioescuchas debíamos de esforzar al máximo nuestra imaginación, y de repente, ¡zaz!, la transmisión se perdió, los aguascalentenses nos quedamos anonadados y desinformados ¿Cómo nos enteraríamos de la suerte de nuestro equipo cuando éste se encontraba a un paso de la gloria?
5 de febrero de 2009
la lección del día # 1 ... la cuba libre
Leyendo El tiempo repentino, de Héctor de Mauleón, me doy por enterado de donde proviene dicho nombre:
En 1898, al término de la guerra en que España perdió los restos de su imperio, los norteamericanos, para brindar con los mambises de Cuba, mezclaron el mentado tónico-gaseosa (la Coca-Cola) con lo más tradicional de las Antillas: el ron, y nombraron al brebaje cuba libre.
Hablando de Héctor de Mauleón, no se pierdan la extraordinaria crónica Bajo fuego, publicada en la pasada edición de la revista nexos.